martes, 31 de marzo de 2009

LABOYOS

Laboyos es el nombre de mi raza.
Laboyos es el nombre de mi pueblo.
Laboyos es el nombre de mi valle.
Es un término lleno de dulzura,
como la mano suave del amor.
Es un canto hecho historia.
Es una invocación al optimismo,
una luz que surgió
cuando la patria,
apenas dibujada en el pasado,
iniciaba sus pasos hacia el triunfo,
iniciaba sus pasos al futuro.

Laboyos: Tierra fertil.
Verde cual amanecer de la esperanza!
Tu presente es futuro
en el danzar febril de tus mujeres,
en la inteligencia de tus gentes,
en la música grave de tus rios.

Eres amor, grandeza y alegría.
El diálogo sagrado que eterniza,
que se hace flor
y que enaltece el alma.
Por ello: Qué grato es exclamar!
Gracias a DIOS ! SOY LABOYANO !


JOSE EDGAR CLAROS MÉNDEZ

martes, 10 de marzo de 2009

ELEGIAS A MI TIERRA

Las elegías de mi pensamiento tienen escritos legendarios.
Se remontan a la epoca cuando el "valle de Laboyos"
era una dimensión verde y en las tardes de arreboles e idearios,
las aguas de los rios se convertian en ágiles arroyos,
con los cuales se escribia el abecedario
de los montes.
Habia violetas nacarinas
y azules, moradas y amarillas,el color de los sinzontes.
Las gentes se entendian con el lenguaje
de los robles.
Y la alegria era el vibrar de todos los instantes.
El "valle de Laboyos" se remonta a la fecha en la cual Dios,
bendijo al amor.
Lo hizo suave,dulce,con la ternura grácil de la mujer que danza
y en los dialogos con el destino no da lugar al llanto,
porque el vaivén de los guaduales, el paso presuroso de los caballos,
el olor a café o a molienda en trapiche de palo
producen en el intelecto un frenesí con aroma de jazmin y guayaba madura.
Y en donde
la arrogancia de los ganzos y el caminar coqueto del pavo real
son imágenes vírgenes de ese valle encantado
en donde la laguna " La coneca" guarda mitos gloriosos
de tiempos que se fueron y dejaron
esplendores en la conciencia
y esperanzas de que el valle vuelva a renacer a la belleza
de las mañanas subliminales,
de las tardes, cuando entonar un bambuco,
era un rito, era un delirio.
No se requiere esfuerzo mental para recordar
aquello que nunca se borra de la memoria,
como la ternura de ser niño, la certeza de ser hombre
y portar entre las manos flores de mayo
y en el cerebroun cantar de Sanjuanero
que invita a vivir.